
El gran reto de la seguridad privada: más vigilantes, más jóvenes y mejor apoyados por la tecnología
Redacción ASECOPS.-
Con más de 5.000 puestos sin cubrir y una plantilla de edad media elevada, las empresas del sector buscan combinar talento humano e inteligencia artificial para seguir creciendo.
La seguridad privada española tiene un problema que no se resuelve con una oferta de empleo más. Según el último análisis sectorial, hay más de 5.000 puestos reales de vigilante pendientes de cubrir, ya sea para atender servicios en marcha o contratos solicitados por clientes. Para las empresas, esto es un freno directo a su actividad y a su cuenta de resultados.
Cuando faltan vigilantes, se pierde negocio
Una compañía de seguridad puede tener cartera de clientes, contratos firmados y capacidad organizativa, y aun así no poder prestar el servicio si no tiene profesionales suficientes. Las consecuencias son concretas:
- Renunciar a nuevos contratos por no poder dotarlos de personal.
- Dificultades para absorber picos de demanda, como eventos, temporadas altas o nuevas aperturas de clientes.
- Menor capacidad de respuesta ante incidencias.
- Presión sobre las plantillas existentes. Consta que un gran número de vigilantes llegan a trabajar para más de una empresa de seguridad y de que al sector le afectan la falta de medios y de personal.
No es casual que la carencia de personal figure entre las principales preocupaciones de las compañías del sector.
Una plantilla que envejece
A la escasez se suma el factor demográfico. Hay unos 94.400 vigilantes de seguridad en activo, con una edad media de 49 años. Esto significa que, en la próxima década, el sector tendrá que reemplazar a una parte muy relevante de su plantilla.
Conviene no confundir las cifras. Los 94.400 vigilantes son solo una categoría. Según datos de la Unidad Central de Seguridad Privada, a finales de 2024 había 146.566 puestos de trabajo ocupados por personal de seguridad privada, de los cuales 23.248 eran mujeres, un 15,86 % del total. El dato de mujeres apunta a una cantera de talento todavía poco aprovechada.
Tres vías para entrar en la profesión
La Ley 5/2014 de Seguridad Privada contempla tres caminos para habilitarse como vigilante, y solo uno exige examen ante la Policía Nacional. En los tres hace falta además cumplir los requisitos generales (mayoría de edad, titulación mínima de ESO o equivalente, aptitud psicofísica, nacionalidad española y ausencia de antecedentes penales) y solicitar la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP).
| Vía | En qué consiste | Duración orientativa | ¿Examen de la Policía Nacional? |
| 1. Curso en centro autorizado y pruebas de selección | Curso previo en un centro autorizado por Interior y después pruebas de la Policía Nacional (test de 100 preguntas y pruebas físicas) | Mínimo de 180 horas lectivas y seis semanas, con hasta un 50 % a distancia | Sí |
| 2. Certificado de profesionalidad SEAD0112 | Certificado oficial de nivel 2 en vigilancia, seguridad privada y protección de personas, evaluado en el propio centro | 330 horas: 290 de formación y 40 de prácticas profesionales | No, queda exento |
| 3. Título de formación profesional previsto en la ley | Titulación de FP que la norma reconoce a efectos de habilitación | Según el ciclo formativo | No, queda exento |
La exención de las pruebas no elimina el resto de requisitos ni supone que la TIP se expida automáticamente. Para las empresas, la diferencia es práctica: la vía 1 depende del calendario de convocatorias (normalmente con pruebas hacia enero, abril y septiembre), mientras que las vías 2 y 3 no esperan a una convocatoria. Según academias del sector, la vía de pruebas suele tardar entre dos y cuatro meses entre curso, convocatoria y expedición de la tarjeta.
Cuántos entran por cada vía. No hay un dato público consolidado que separe las nuevas habilitaciones por vía de acceso. Interior publica, convocatoria a convocatoria, la lista de aspirantes declarados aptos en las pruebas (vía 1), pero no una estadística equivalente de las TIP expedidas con certificado de profesionalidad o con título de FP. Por eso no es posible cuantificar el peso de cada vía actualmente.
Los cuellos de botella: atraer, formar, habilitar y retener
El tejido empresarial coincide en que el problema tiene varias causas, y por tanto requiere varias respuestas.
- Captar talento nuevo. El sector necesita ser atractivo para perfiles jóvenes. Para ello debe ofrecer carrera profesional, estabilidad y reconocimiento. El convenio colectivo estatal de empresas de seguridad 2026-2030 se ha consensuado con unas retribuciones y unas mejoras considerables en medidas sociolaborales encaminadas a atraer talento.
- Formar más y mejor, y más cerca del candidato. Las empresas tienen dos necesidades formativas: incorporar nuevos profesionales y reciclar a los que ya están en plantilla. Los modelos de formación online e híbrida, con menos desplazamientos al centro presencial, facilitan el acceso a la profesión a quien trabaja o vive lejos de un gran núcleo urbano. Para las compañías con presencia en varias comunidades autónomas, contar con interlocutores formativos que cubran varios territorios simplifica la gestión, frente a coordinar academias locales con procesos distintos.
- Agilizar la habilitación. La formación no basta si el trámite posterior se alarga. Desde distintas instituciones del sector, sobre todo desde el Observatorio Sectorial de la Seguridad Privada, se ha venido denunciando los retrasos en la emisión de la Tarjeta de Identificación Profesional, que dejan a personas ya formadas esperando para poder ejercer. Cada semana de espera es un puesto sin cubrir y un candidato que puede perderse para el sector.
- Retener. Formar y contratar es solo la mitad del reto. Reducir la rotación exige mejorar condiciones, planificación de turnos, medios de protección y vías de promoción interna.
La respuesta de futuro: seguridad híbrida
Aunque el sector consiga atraer más profesionales, difícilmente cubrirá todas sus necesidades solo con más personas. De ahí que la industria apueste por un modelo de seguridad híbrida, que integra la presencia física del vigilante con la tecnología y el análisis de datos.
Los directivos del sector destacan la incorporación de inteligencia artificial, analítica predictiva, visión artificial, drones y centros de operaciones de seguridad, y subrayan que el capital humano sigue siendo la referencia. La tecnología no sustituye al vigilante, sino que le da más alcance:
- Filtrado de falsas alarmas. La inteligencia artificial puede descartar falsas alarmas y optimizar la respuesta, y un mismo vigilante puede monitorizar varias instalaciones desde un único punto. Así se libera tiempo para lo que aporta más valor.
- Detección anticipada. Las cámaras con IA pueden identificar patrones y comportamientos inusuales y avisar al personal para que investigue.
- Coordinación digital. Las plataformas que digitalizan la operativa conectan a los vigilantes con el resto de soluciones de seguridad y mejoran la eficiencia y la respuesta.
- Drones, robótica y automatización en rondas, grandes superficies e infraestructuras.
La hibridación también cambia el perfil que se busca. Se requiere formación específica en competencias digitales, además de pericia en seguridad, autogestión y habilidades humanas. El vigilante del futuro maneja sistemas, interpreta datos y toma decisiones sobre el terreno. Eso puede hacer la profesión más atractiva para las nuevas generaciones.
Un sector llamado a ganar peso
El contexto invita a pensar en grande. En Europa se apuesta por una «protección redundante» en la que la seguridad privada custodia elementos estratégicos de gran valor nacional, aunque el sector español sigue pendiente de recibir los recursos financieros y tecnológicos necesarios para asumir ese papel. A ello se suma la demanda creciente de servicios más integrales y especializados en infraestructuras, eventos y espacios públicos y privados.
Conclusión
Las empresas de seguridad privada tienen ante sí una doble tarea. Por un lado, renovar y ampliar su plantilla con una estrategia de captación, formación, habilitación ágil y retención. Por otro, invertir en tecnología e inteligencia artificial para que cada profesional sea más eficaz. Quienes combinen ambas palancas estarán mejor situadas para no renunciar a oportunidades de negocio por falta de vigilantes.
